(Just like) Starting over
— Tocame — dijo Martín, mientras le acariciaba la cabeza. Ya habíamos desayunado pero no queríamos salir de la cama.
— Te estoy tocando. ¿Qué disco pusiste?
— Uno que te encanta. Más, tocame la cara. Con las dos manos—. Acomodó mis manos como él quería y cerró los ojos.
— Sos muy voraz, pancito.
— Decime pancito.
— Jajaj, pensé que te molestaba... — le corrí el mechón de pelo y le di un beso en la frente. ¿Y Pantriste?
— Jaaa. Nada de lo que digas me molesta. Todo lo que sale de tu boca es bueno, bello y verdadero.
— ¿George Harrison?
— Casi. Santo Tomás de Aquino. Decime cosas lindas. Sólo hablás de lo mal que hago todo. Dame besos.
— Ja, ¡si todo lo que digo es bello y verdadero! Rascame la nariz. En la punta. ¡Adentro no! ¿Qué...?
— Sos tan linda. No lo arruines— . Se quedó mirándome un rato y me dio un beso.
— "Let's take our chance and fly away somewhere alone...."
— Cantame más.
— Si me mirás así me da vergüenza. Laura nos dejó el borrador de la novela de Manuel, por si queríamos leerla...
— ¿Te parece? Todo bien con la novela del novio de tu amiga pero el poco tiempo que tengo lo quiero para leer el Quijote o Bomarzo, no la novelita posmopop de este chiquito.
— Ja ja ja. No te enojes. ¿Bomarzo? ¿Plomarzo?
Martín ignoró mi juego de palabras. Se sentó en la cama y empezó a revolver las sábanas.
— Sabés que ese flaco me parece un imbécil. ¿Lo escuchaste burlándose de la gente que comía al lado nuestro? Está gordo y en dos meses se queda pelado. Y la novela se la edita Papelera Norte. Yo en su lugar andaría con más tino.
— A veces es un poco engreído. No empieces con lo del restaurante por favor... Acá está— y le pasé la remera.
— Vos empezaste trayendo a ese imbécil a nuestro momento idílico.
— ¿Te vas a levantar? ¿Y si nos vamos unos días a Gesell?
Me miró con el entrecejo todavía fruncido pero suavizado por un anticipo de sonrisa:
— Ah, amaneciste pila. La costa en temporada es un hormiguero pateado, la paso como el orto. Me conocés, amor.
— No, antes de que empiece, podemos irnos cerca del 20 de diciembre. Para esa fecha están sólo los perros. Y lo buscamos a Forn. Nadamos de noche. Compramos barrenadores. Revolvemos librerías. Comemos panqueques.
— Je, tenés ganas de ir. Los panqueques te los debo. Pero podemos hacernos tatuajes gemelos. Mientras no elijas algo muy girly.
— Mmm... sí, bueno, vamos viendo.
— Tocame — dijo Martín, mientras le acariciaba la cabeza. Ya habíamos desayunado pero no queríamos salir de la cama.
— Te estoy tocando. ¿Qué disco pusiste?
— Uno que te encanta. Más, tocame la cara. Con las dos manos—. Acomodó mis manos como él quería y cerró los ojos.
— Sos muy voraz, pancito.
— Decime pancito.
— Jajaj, pensé que te molestaba... — le corrí el mechón de pelo y le di un beso en la frente. ¿Y Pantriste?
— Jaaa. Nada de lo que digas me molesta. Todo lo que sale de tu boca es bueno, bello y verdadero.
— ¿George Harrison?
— Casi. Santo Tomás de Aquino. Decime cosas lindas. Sólo hablás de lo mal que hago todo. Dame besos.
— Ja, ¡si todo lo que digo es bello y verdadero! Rascame la nariz. En la punta. ¡Adentro no! ¿Qué...?
— Sos tan linda. No lo arruines— . Se quedó mirándome un rato y me dio un beso.
— "Let's take our chance and fly away somewhere alone...."
— Cantame más.
— Si me mirás así me da vergüenza. Laura nos dejó el borrador de la novela de Manuel, por si queríamos leerla...
— ¿Te parece? Todo bien con la novela del novio de tu amiga pero el poco tiempo que tengo lo quiero para leer el Quijote o Bomarzo, no la novelita posmopop de este chiquito.
— Ja ja ja. No te enojes. ¿Bomarzo? ¿Plomarzo?
Martín ignoró mi juego de palabras. Se sentó en la cama y empezó a revolver las sábanas.
— Sabés que ese flaco me parece un imbécil. ¿Lo escuchaste burlándose de la gente que comía al lado nuestro? Está gordo y en dos meses se queda pelado. Y la novela se la edita Papelera Norte. Yo en su lugar andaría con más tino.
— A veces es un poco engreído. No empieces con lo del restaurante por favor... Acá está— y le pasé la remera.
— Vos empezaste trayendo a ese imbécil a nuestro momento idílico.
— ¿Te vas a levantar? ¿Y si nos vamos unos días a Gesell?
Me miró con el entrecejo todavía fruncido pero suavizado por un anticipo de sonrisa:
— Ah, amaneciste pila. La costa en temporada es un hormiguero pateado, la paso como el orto. Me conocés, amor.
— No, antes de que empiece, podemos irnos cerca del 20 de diciembre. Para esa fecha están sólo los perros. Y lo buscamos a Forn. Nadamos de noche. Compramos barrenadores. Revolvemos librerías. Comemos panqueques.
— Je, tenés ganas de ir. Los panqueques te los debo. Pero podemos hacernos tatuajes gemelos. Mientras no elijas algo muy girly.
— Mmm... sí, bueno, vamos viendo.